Sapeurs, más chulos que un ocho

¿Quiénes son los Sapeurs? ¿Locos? ¿Narcisos? ¿Exhibicionistas? ¿Miembros de una logia masónica? De todo hay un poco, como en botica. Me río yo de la consigna: “has vivido por encima de tus posibilidades”, soniquete repetido hasta la extenuación para hacernos accionistas de una crisis de altos vuelos. Pues sí, esa expresión se queda a la altura del betún al lado de este, en auge, movimiento socio-cultural en el Congo, cuyo origen se remonta a 1922.

Sapeurs, más chulos que un ocho.

Sapeurs, más chulos que un ocho.

Los Sapeurs, integrantes de la SAPE, que en francés viene a significar Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes, llevan hasta el extremo eso de que “antes muerto que sencillo”. Una actitud vital, más que una pose. Moscas en leche, en una sociedad como la congoleña, fustigada por las guerras tribales, la corrupción gubernamental y la miseria. Donde hay un sapeur siempre ocurre algo, siempre hay algo que contar. Dan color y un toque de distinción a las calles y locales de moda de Brazzaville o Kinshasa. Son el foco de atención de cualquier sarao que se precie. Y ellos lo saben.

Todo comenzó cuando en 1922, André Grenard Matsoua fue el primer congoleño en volver maqueado de París. Aquello fue todo un acontecimiento para la sociedad de la época, siendo recibido casi como un héroe. A partir de ese momento se generó a su alrededor una tendencia orientada a sublimar la elegancia y el buen gusto, casi una religión que ha existido a duras penas, con la intermitencia de un semáforo en ámbar a causa de las guerras que han asolado el país y la intransigencia política de sus gobernantes. Hasta nuestros días, momento en el que alcanzan su mayor auge, por la permisividad política, que extiende sus tentáculos hasta los suburbios de Londres o París.

Cool-Sapeurs.

Cool-Sapeurs.

Para los más viejos representan un apéndice del colonialismo que debería ser extirpado. Ellos, por el contrario, buscan sus señas identidad estética en la moda parisina, reconciliándose con un pasado de opresión, aunque prolifera una nueva corriente de Sapeurs que pierde su mirada en la postal de Picadilly. Una fraternidad que ha hecho de la moda su “modus vivendi”, una vía de escape existencial por la autopista del estilo, el refinamiento y las buenas costumbres. Pacifistas hasta la médula, mantienen que donde estén unos buenos mocasines Watson que se quiten los AK-47. Autosuperación a golpe de sastrería, sudor y partirse el lomo pluriempleándose para ir arañando los dólares que les lleven al paraíso.

¿Pero qué puede llevar a unos tipos que no tienen donde caerse muertos a calzar zapatos de 200$ y americanas de Pierre Cardin? Pimpollos entre barrizales y escombreras que, aparte de trabajar como burros para costearse sus “pequeños vicios”, viven obsesionados por ser el centro de atención. Presumidos, gallitos y vacilones que no dudan en mostrar la etiqueta de sus ropajes como símbolo de poderío, aunque sea a tiempo parcial. Su cuidado aspecto y estudiados movimientos son elementos que los identifican entre la masa e incluso entre sus propios colegas de indumentaria. Cuanto más alta esté la cabeza más destacas en el corral.

Sapeur-4

Llamando la atención.

Aunque puedan parecer dementes, irresponsables y dilapidadores de sus escasos recursos, su pasión y dedicación casi ritual a la moda, el culto a la imagen y el refinamiento, les hace ocupar un destacado puesto en el olimpo del tesón, el sacrificio y la felicidad, que en definitiva es lo que buscan. Que les quiten lo bailao.

by Moco de Pavo

One thought on “Sapeurs, más chulos que un ocho

  1. Begoña says:

    Yo no soy ni Tachera ni Antonio, yo no soy hippie. Yo creo en la pareja, por eso mi marido es mi marido, mi marido es mi marido, mi marido es mi marido, mi marido es mi marido. Deja en paz a mi marido. Mi marido es mi marido, mi marido es mi marido, mi marido es mi marido.

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