Howlin’ Wolf: Lobo sin piel de cordero.

 

Bluesmen hay muchos, pero si hay uno que destaque entre los demás, no solo por estatura sino también por su poderío y personalidad, ese es Howlin’ Wolf. Los hay muy míticos, pioneros, genuinos,  quizá más dignos de mención o merecedores de una oportuna reivindicación pública, y sí, lo reconozco, no será la última vez que un perdedor de esta calaña se deje caer por aquí arrastrando su áspero lamento, desde el fango del Delta hasta las alcantarillas de Chicago. Pero el lobo es el lobo.

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Howlin’ Wolf es para mear y no echar gota.

Con una personalidad arrolladora, un irresistible magnetismo, una contrastada mala hostia y un socarrón sentido del humor, Wolf se erigió en una de las figuras más destacadas del sello Chess junto a Muddy Waters, Bo Diddley o Little Walter entre otros.  “Moanin’ at Moonlight” “Howlin’ Wolf (The Rockin Chair Lp)” o “The Real Folk Blues” son tres piezas fundamentales de blues carnoso y corpulento, desgarrador, vacilón, provocativo e hipnótico.

Un tipo rudo que se había partido el lomo trabajando en las plantaciones de algodón y el hígado en los más inmundos garitos del Delta, donde las peleas, el sexo, el licor barato y el blues corrían de manera casi torrencial. Orígenes, costumbres, desgracias y alegrías, vivencias que forjaron tan rudimentaria y genial identidad. The Rolling Stones babeaban con él, su huella quedó profundamente marcada en dementes como Captain Beefheart primero y Tom Waits después. Un aullido que ha permanecido imborrable en la memoria de los amantes del blues más auténtico y sustancioso.

 

Electric-Rockin'-Chair

Un rotundo pepinazo.

Si eres de los que siempre quisiste saber sobre Howlin’ Wolf, pero nunca te atreviste a preguntar, o eres de los que ya lo conocías pero nunca le prestaste tu suficiente atención, no os perdáis el interesante artículo que sobre tan carismático personaje se marcaron en Jot Down, si además te agencias alguno de sus discos, posas la aguja de tu tornamesa suavemente sobre el surco, coges tu mecedora y te sientas en el porche de tu casa al atardecer, con una buena botella de bourbon o una nevera hasta arriba de quintos de cerveza helados, habrás evitado que muera un unicornio en los algodonales del Delta del Mississippi, además de estar acariciando alevosamente el paraíso. Aaaaauuuuuuhhhhh!!!

 

 

 

by Moco de Pavo

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